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    [No existen «obras de arte».
Existen un trabajo y unas prácticas que podemos denominar artísticas. Tienen que ver con la producción significante, afectiva y cultural, y juegan papeles específicos en relación a los sujetos de experiencia. Pero no tienen que ver con la producción de objetos particulares, sino únicamente con la impulsión pública de ciertos efectos circulatorios: efectos de significado, efectos simbólicos, efectos intensivos, afectivos.

Las transformaciones de las sociedades actuales determinan la completa inadecuación del régimen actualmente hegemónico de circulación pública de la producción artística. Esto en lo que se refiere de modo particular a dos circunstancias:
1. el deslizamiento del significante visual hacia el territorio de la imagen movimiento -y la consiguiente obsolescencia creciente de los dispositivos espacializados de organización de la
recepción, de los modos de la expectación; y 2. la misma espureidad de cualquier requerimiento de objetualización determinada.] LSA

[el artista se compara al productor al que los italianos llaman "tuttologo" (todólogo), caballo de Troya a través del cual todas las formas de dominio social (mercado, moda, estado, política, periodismo), consiguen ejercerse en el campo de la producción cultural. Un artista debe poder producir con un determinado medio, escribir bien para las publicaciones, articular verbalmente, poseer una considerable cantidad de conocimientos (historia del
arte, estética, teoría crítica, sociología, psicología, literatura, teoría de los medios, y conocer siempre las últimas novedades), además de ser capaz hablar en público, ser un buen administrador diplomático que conoce a fondo las leyes del marketing y de la gestión cultural. [esfera publica]

[Si el objetivo de la gestión es sobre todo asegurar el funcionamiento antes que la reflexión o la crítica. Son responsabilidades contradictorias.

(...)convendría reflexionar sobre el hecho de que el proceso de autonomización del mundo artístico -con respecto a mecenas, academias, al Estado...- ha venido acompañado de una renuncia a determinadas funciones, en particular políticas. Y que uno de los efectos que su trabajo produce es el de reintroducir esa función. Dicho de otra forma: la libertad que los artistas han ido conquistando a lo largo de la historia, y que se limita a las formas, usted la extiende también a la función.

Las instituciones artísticas, un poco como las escuelas, son lugares de formación.
Influyen en nuestra forma de vernos a nosotros mismos y de considerar las relaciones sociales. Y como en otras sucursales de la industria de la conciencia, nuestros valores se negocian en ella de modo sutil. Si se quiere, es un campo de batalla en que se enfrentan distintas concepciones ideológicas de lo social. El mundo del arte, contrariamente a lo que se cree, no es un mundo aparte. Lo que en él sucede expresa la sociedad global
y sus repercusiones. En tanto las relaciones no son mecánicas y la complejidad de los frentes no permite una identificación inequívoca, no es fácil demostrar esa interdependencia arte-sociedad.
Funciona menos en los detalles que a nivel del clima social. Pero como ya la metáfora meteorológica sugiere, lo que ocurre en las geografías particulares no puede olvidarse. El concepto de clima es débil, pero estoy seguro de que es así, de un modo casi imperceptible, como se deciden las direcciones globales que adopta nuestra sociedad] [conversación entre Pierre Bourdieu y
Hans Haacke.]

[Sin embargo se vienen dando unas nuevas prácticas de producción colaborativas, estructuras que tienden a basarse en la idea de que todos sus miembros son iguales, que no son una institución, no son un individuo, ni ninguna otra categoría, y podrían ayudarnos a abandonar este síndrome Warhol.] CAE

[No existen este mundo y el otro.
El arte no puede seguir reivindicando habitar una esfera autónoma, un dominio separado. Ni siquiera para argumentar la operación «superadora» de su estatuto escindido. La clase de los objetos es única, todos ellos gozan del mismo calibrado y adolecen de la misma carencia «objetiva» de fantasmalidad. Si el trabajo del arte tiene todavía que ver con el «fantasma», con la circulación de las ideas (en su inconcreción característica) y la productividad del sentido o las energías deseantes (en su difusión magnificente), empieza a ser hora de no confundir ese halo con nada apegado a la materialidad de algún orden de «objetos específicos».

Dos figuras que marcan el carácter «falsamente» político de un arte hoy obligado a resultar, como tal, «correcto»:

1. la falsificatoria declaración de estar al margen de los procesos universalizados de la producción, y

2. la falsificatoria declaración de estar al margen igualmente de la exhaustiva «administración» del mundo social contemporáneo.

Dicho de otra manera: la puesta en fantasmagoría de dos imaginarios interesados -queremos decir: cuya producción interesa por encima de todo al «capitalismo cultural» contemporáneo- el de que es posible un mundo sin mercado y el de que es posible un mundo sin estado, lo público y la ciudadanía sin su administración.

Ni al margen del Estado ni al margen del mercado
el trabajo que realiza el productor artístico se sitúa en la órbita de cualquier otra actividad, de la actividad cualsea. Es, como todo el resto del trabajo que realizan cualesquiera otros ciudadanos, una mera actividad productiva y su espacio de inscripción no es otro que el dominio público, el espacio social, definido por los actos de intercambio. Nos guste o no, en las sociedades actuales este espacio se encuentra exhaustivamente prefigurado por la actividad económico-productiva, bajo cuya administración se decide la forma reglada de todo intercambio social.

Es preciso intervenir en ese dinámica, reconociendo la dimensión altamente política que comporta.

Por tres vías diferentes las nuevas prácticas artísticas están asumiendo esa responsabilidad.
En primer lugar, por la vía de la narración. La utilización de la imagen-técnica y la imagen-movimiento, en su capacidad para expandirse en un tiempo-interno de relato, multiplica las posibilidades de la generación de narrativas. En segundo lugar, por la vía de la generación de acontecimientos, eventos, por la producción de situaciones. Mas allá de la idea de performance ­y por supuesto mucho más allá de la de instalación- el artista actual trabaja en la generación de contextos de encuentro directo, en la producción específica de micro-situaciones de socialización.
La tercera vía es una variante de ésta segunda: cuando esa producción de espacios conversacionales, de socialización de la experiencia, no se produce en el espacio físico, sino en el virtual, mediante la generación de una mediación.

El artista como productor interviene, cada vez más en el tiempo real del dominio de la experiencia, no en el del tiempo diferido de la representación. Esto se hace tanto más indiscutible cuanto más entendamos el tiempo real en términos de tiempo de sincronización de la experiencia, tiempo compartido y de encuentro entre los sujetos de conocimiento y pasión.

Cada vez más, el artista es un productor de directo ...](LSA 47)

[Aquí no es cuestión de recurrir al luddismo epistemológico, al pesimismo cultural ni al rechazo tecnológico sino de pensar el modo en que las innovaciones técnicas son absorbidas por dominios de poder o de capital así como el modo en que mundos hablados, vistos o sentidos con trastornados y enviados a su ocaso, pues la misión de la sociedad tecnoespectacular no consiste en permitir o retrasar el progreso, sino en conducir a la humanidad a un estadio diferente de dominación. Por tanto, es nuestra imagen de mundo deseable el material que forja los barrotes del pensamiento binario. ] Christian Ferrer

El diálogo en toda su complejidad operativa, podría ser en estas una forma de abordar la construcción del sentido, que ya no es la intuición inocente o genial de un individuo especialmente sensitivo, sino un proceso de intercambios, contradicciones y críticas, más parecido a la cotidiana búsqueda de respuestas que a una postal de lo ideal inalcanzable.

LSA: La Societe Anonime | Redefinición de las prácticas artísticas s_21 (LSA47), publicado en
http://www.aleph-arts.org/pens/index.htm
CAE: Critical Art Ensamble
esfera publica: http://www.geocities.com/laesferapublica/
Christian Ferrer: prólogo a la Sociedad del espectáculo (DEbord, 1967) publicado por Edit. La Marca, 1995.